Luchar contra la mente: como un músico con su instrumento:
Imagina a un músico frente a su instrumento: difícil, exigente, que pide disciplina, paciencia y atención a cada detalle. Cada frase, cada nota, cada pausa debe sentirse auténtica, precisa y viva. Aprender a tocarlo no es solo técnica: es escuchar, comprender y acompañar la música que surge de él.
Yo sentí algo parecido con mi mente. Cada pensamiento, emoción e impulso parecía ir en direcciones opuestas. Aprender a vivir consciente fue aprender a escuchar mi propia melodía, a comprender la resistencia en lugar de tratar de vencerla.
Al igual que el músico no omite las notas que dan identidad a su obra, yo aprendí que ciertas partes de mi historia —errores, vulnerabilidad, aprendizajes— son indispensables. Son las notas que hacen auténtica mi vida y me permiten interpretarla con verdad
Mis 25 años de profesional como directivo en una multinacional y mis dos años ingresado en un centro de adicciones son la base de un aprendizaje consciente que se ha convertido en el origen de lo que hoy es ALCHEMY
Alchemy: un instrumento para la transformación
De esa experiencia nació Alchemy, que para mí no es solo un proyecto, sino un espacio donde la transformación, la conexión y la consciencia se cruzan con lo humano y lo cotidiano.
No busca que las personas compartan mi historia ni que hayan vivido lo mismo, sino que puedan reencontrarse con su propio ritmo, reconocer sus capacidades y construir su propia estructura vital.
Alchemy me recuerda que el fracaso no es caída, sino aprendizaje, que cada desafío es un punto de referencia para crecer. Que la vulnerabilidad puede ser fortaleza y la consciencia, guía para conectar con los demás de forma auténtica.
Mi presente
Hoy encuentro sentido en lo cotidiano, en lo que simplemente es.
He aprendido que la transformación no siempre es rápida, pero siempre llega cuando uno está dispuesto a escuchar y acompañar su propio proceso.
A veces, ese sentido aparece en forma de música. Cuando escucho ciertas canciones, me reconozco en la calma que acepta los procesos, en la mirada paciente que no busca llegar antes, sino llegar más consciente.
Esa sensación refleja mi presente: un tiempo de presencia, gratitud y propósito, donde cada paso, incluso los más lentos, tiene su razón de ser.

Exploración y Aprendizaje
Cuando no estoy acompañando a otros con Alchemy, me encontrarás explorando los hilos invisibles que nos rodean, profundizando en mi autoconocimiento y en la comprensión de lo que nos conecta.
Aprendo de disciplinas tan diversas como filosofía, psicología, literatura, historia, ciencia, mitología, arte y naturaleza, que me ayudan a dar sentido a la vida y a mi propósito.
También disfruto de mi autocuidado, del tiempo con mi familia y amigos, y de los momentos en soledad, que me recuerdan que solo cuidándome puedo acompañar a otros.















La melodía viva de la vida
Porque Alchemy nace de ahí: de la certeza de que nuestra historia no tiene que ser perfecta, sino humana, auténtica y viva, y de que incluso cuando la vida nos invita a ir despacio, seguimos afinando nuestra melodía, aprendiendo a transformar lo vivido en sentido, presencia y conexión.
Inspiración musical
La música ha sido un compañero constante en este viaje. Un músico que lucha con su instrumento, buscando la perfección y la autenticidad, me inspira a valorar cada nota de mi propia vida. Entre todas las melodías que me acompañan, Mark Knopfler y su música ocupan un lugar especial: sus canciones me enseñan a aceptar los procesos, a reconocer la paciencia como virtud y a encontrar belleza en la imperfección humana.
Cuando escucho sus temas, siento que estoy afinando mi propia vida: aprendiendo a tocar con verdad, respeto y presencia, paso a paso, nota a nota.
