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G de Gustar


Toda mi vida he sentido una profunda necesidad de reconocimiento externo.

Esa necesidad, hoy lo sé, nació de una escasez que interpreté en mi infancia. Una sensación que di por real y que me llevó a esforzarme siempre más allá de lo imaginable.

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El ser humano —y probablemente tú, que estás leyendo estas líneas, también lo hayas sentido necesita sentirse validado. Buscamos la mirada, el gesto, la palabra que confirme que vamos por el buen camino.

El problema aparece cuando ese reconocimiento no llega .Cuando no hay aplausos, ni resultados, ni señales externas que nos digan “vas bien”.Y dentro de ti, el silencio se convierte en vacío, inseguridad y baja autoestima.

A mí me ocurrió.

Durante dos o tres años viví una búsqueda incesante de un trabajo que hoy entiendo no estaba destinado a llegar, porque antes necesitaba atravesar mis propias emociones: el rechazo, la vergüenza, la culpa, el abandono



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No fue un camino sencillo. Pero gracias al proceso terapéutico que emprendí hace dos años, comprendí que lo que realmente necesitaba construir era mi validación interna. Aprender a mirarme al espejo y respetarme .A reconocerme sin depender de la mirada de los demás. A saber que ya soy suficiente.

Hoy puedo decir que he aprendido a gustarme, sin exigencias, sin comparaciones, sin condiciones .A sentir orgullo de lo que soy y de todo lo que he logrado gracias a mi esfuerzo y a las personas maravillosas que me han acompañado en este viaje: mi familia, mis amigos, mis terapeutas, mis psicólogos...A todos, gracias


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Y para despedir musicalmente este espacio, hoy te dejo una pieza muy especial:🎵 Adagio for Strings, Op. 11.Una melodía que me transmite exactamente eso: esfuerzo, lucha, dolor, cima, logro y orgullo.



 
 
 

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